La semana que viene estará disponible en librerías
Cortázar y los libros. Un recorrido por la biblioteca personal del autor de Rayuela, que su viuda, Aurora Bernárdez, donó a la Fundación Juan March en 1993.
Son algo más de cuatro mil volúmenes -libros de arte, filosofía, clásicos griegos y latinos y, sobre todo, poesía y novela del siglo XX- que permiten construir un retrato inédito de Cortázar a través de sus gustos y afinidades literarias.
Pero los libros de Cortázar descubren también a un lector minucioso y voraz, que anota, subraya, comenta, y que muestra su conformidad con el autor o, lo que es más frecuente, su discrepancia.
Muchos de sus libros tienen un código, a veces indescifrable, de subrayados, señales, corchetes, paréntesis y rayas verticales, con los que marca aquellos párrafos o líneas que le interesan.
"Ah!" -escribe en ocasiones en los márgenes, con lápiz, y también con bolígrafo o con rotulador- "Ojo!", "Ça", "Bien!" o simplemente "No!" cuando no está de acuerdo con algo que se afirma.
 |
Páginas anotadas por Julio Cortázar en su ejemplar de Poesías Completas de Pedro Salinas |
Los libros de Cortázar muestran también su obsesión por las erratas, que corrige de forma enfermiza en cada uno de sus libros, y la relación que le unió con alguno de los más importantes escritores de su generación a través de las dedicatorias.
Octavio Paz, José Lezama Lima, Carlos Fuentes, Alejandra Pizarnik, o - a la derecha- Pablo Neruda quien, con su tinta verde, a toda página, le firma: "A Julio Cortázar, por fin en Isla Negra, su amigo de antes y después, Pablo Neruda"
 |
Doble página de Cortázar y los libros |
El libro, exquisitamente editado por Fórcola, tiene más de setenta ilustraciones -reproducciones de cubiertas o páginas de libros, fotografías, dibujos, apostillas, dedicatorias-, que muestran un Cortázar convertido, por medio del rastro que dejó en los libros que leía, en territorio definitivamente fabulado.
Ayer firmé mi primera dedicatoria (a mi amigo Héctor Abad) y me sorprendió no encontrar una sola página en blanco, de modo que opté por utilizar a viñeta de mi amigo Damián Flores en la portadilla. Así.
Vivo la sensación de haber cumplido, respecto de Cortázar, con una vieja deuda.
(las imáganes pueden verse más grandes pulsando sobre ellas)