domingo, 17 de julio de 2011

La máquina de escribir ha muerto. Viva la máquina de escribir.

Máquina de Karen Blixen
Hace poco leí que acababa de cerrar, en India la última fábrica de máquinas de escribir. El gerente contó que llevaban años recortando la producción según los pedidos disminuían, y que a partir de ese momento únicamente podrían suministrar las que tenían en el almacén, hasta que se terminaran.

William Faulkner
Los periódicos se hicieron eco de la noticia y un repentino e inesperado sentimiento de nostalgia recorrió el mundo: la máquina de escribir acababa de desaparecer, y con ella uno de los grandes iconos de la literatura contemporánea.
 No hay un solo escritor de quien no exista al menos una foto ante su máquina de escribir.Y hay auténticos expertos en sus marcas y modelos favoritos. Por ejemplo William Faulkner escribía en una Remigton 12, Hemingway en una Underwood portátil, Karen Blixen en una Corona, y  Jonh Cheever, abajo, en una Royal.

Cheever con su máquina de escribir

Olivetti Lettera 36
No recuerdo mi primera máquina de escribir. Mejor dicho, recuerdo la máquina -portátil, color crema, teclas de color claro-, pero no sé qué marca era. Pero sí recuerdo la primera que compré: una Olivetti Lettera 36 eléctrica, de segunda mano, que sonaba como un lanchón de desembarco, y que disparaba una ráfaga de adjetivos y adverbios con apenas rozarla. En esa máquina escribí mi primer libro, a razón de un folio diario, antes de pasarme, no sin una resistencia algo romántica, al procesador de textos.

Pantalla del WordStar

Una pantalla oscura de un luto riguroso -llena de claves, números, llaves-,  sobre la que se escribía con letras no sé si blancas o verdes, extremadamente luminosas, precedidas de un cursor parpadeante.



Desde luego que no me imagino volviendo a escribir a máquina, pero sí entiendo, y comparto, esa nostalgia del folio, las letras golpeando en el rodillo, y el timbre -tling!- que sonaba, afilado, cuando se llegaba al final de una línea.



En las fotografías, arriba: Raymond Carver y Silvia Plath, y sobre estas líneas Patricia Higsmith, Paul Auster, que dedicó un libro a su máquina de escribir, una Olympia SM3, y un jovencísimo Philip Roth a la espera de la inspiración. Me divirtió el otro día, por cierto, la foto de Eugenia Rico en su casa, posando con una máquina de escribir portátil.

Foto: Alvaro García

No sé si conocéis la pieza de Leroy Anderson, The Typewriter.  Verdaderamente impresionante.

11 comentarios:

Vicente F. Bobadilla dijo...

La Olivetti Lettera 36 también era la de Francisco Umbral, sólo que manual. Por cierto, en la Calle Larga de Jerez de la Frontera había hasta hace poco una tienda de máquinas de escribir; si consigo ir este verano, me fijaré en si sigue abierta (y adjuntaré foto).

Blog de Jesús Marchamalo dijo...

Gracias, Vicente.
He estado comiendo con un amigo, y hablando de nuestras viejas máquinas y lo que habrá sido de ellas.
No recuerdo qué pasó con esa Lettera 36 mía.
Seguro que acabó en algún altillo, y desapareció en alguna mudanza.

almanaque dijo...

Tengo una portátil en el desván con la que escribí miles de hojas de apuntes y algún cuento. Luego tuve una electrónica, poco tiempo, antes de empezar con el ordenador. Aún recuerdo la campanilla de la primera y la palanquita de pasar línea. Para bien o para mal decidió mi futuro. Una delicia el post. Saludos.

Blog de Jesús Marchamalo dijo...

Gracias Almanaque. Es cierto que sonaba el carro cuando pasabas la línea, un lejano sonido de engranaje.
En fin, la nostalgia, si.
Saludos

Javier Castro dijo...

En Vigo Luis Sirvent tiene la colección de máquinas de escribir más importante de Europa que se está mostrando ahora en el Archivo de Galicia en la ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela: "TYPEWRITER – La Historia escrita a máquina". Recuerdo haberla visto en su almacén y había desde cosas minúsculas que parecían más insectos que aparatos para escribir hasta la máquina de oro que se usó en no sé que película de james Bond. Era conmovedor ver todo aquello que en su momento había sido tecnología punta y que ahora causaba una honda melancolía porque ya solo sirve para escribir el silencio de su inutilidad.

Javier Castro dijo...

Ah, y en cuanto a sonido es interesante la obra de Ignacio Uriarte "The History of the Typewriter recited by Michael Winslow". Michael Winslow, el actor que hacía el papel del agente que en la película "Loca Academia de policía" era capaz de imitar cualquier sonido reproduce con sonidos bucales en un vídeo el ruido de 62 máquinas de escribir diferentes en orden cronológico en un viaje temporal de un siglo. www.ignaciouriarte.com

Blog de Jesús Marchamalo dijo...

Gracias, Javier. Entré en Youtube para ver el video que sugerías y, la verdad, es impresionante.

Saludos.

Aldabra dijo...

Mi vida también está ligada a la máquina de escribir, soy Administrativa [funcionaria] y en nuestros de examenes de ingreso teníamos que pasar el examen de máquina.

Mi Lettera 35 todavía duerme en su caja en el desván de mi casa. Color crema y muy ligera.

Me encantaba el sonido de los cientos de máquinas en los exámenes, aunque me ponía muy nerviosa, claro.

Y cuando entré en la Administración hace 26 años también hacíamos los escritos a máquina con papel calco... Cuando pienso en ello me da la risa. Pero me encantaba encajar las yemas de mis dedos en aquellas teclas grises.

Me encanta escribir a máquina, observando por el rabillo del ojo como se mueven mis dedos, a muchas pulsaciones por munito.

Tambíén escribí alguna cosilla en aquella máquina de escribir, algún poema de amor desesperado, claro que no me hice famosa como Neruda, ni lo pretendía, claro.

¡Que bonito que nos hagas recordar tantas cosas!

biquiños,

Blog de Jesús Marchamalo dijo...

Gracias, Aldabra, por tu comentario.
Yo también hice un curso de mecanografía hace años.
Debo ser el único escritor que escribe con todos los dedos.
Abrazo

Elèna Casero dijo...

Aun conservo la máquina de escribir de mi padre. Una que yo llegué a utilizar para pasar los apuntes. Yo aprendí a escribir a máquina, como una asignatura más, en el colegio. Igual que la taquigrafía, que aún uso para cazar cosas al vuelo.
Hasta hace pocos años, usé la máquina de escribir para el trabajo, administrativa, muchas horas.
Recuero perfectamente el sonido del carro, y el ding, al llegar al otro extremo. Y los dedos pringados de tinta cuando había que cambiar la cinta. ¡ay! aquellas de dos colores: rojo y negro, todo un avance.

Y la composición de Leroy Anderson no es fácil de tocar. Suelen hacerlo los percusionistas. Mucho ritmo.

Aunque no soy tan escritora como tu, pero también escribo con todos los dedos y como me enseñaron en el cole: sin mirar al teclado.

Blog de Jesús Marchamalo dijo...

Elena, disculpa que no te haya contestado hasta ahora.
Creí que lo había hecho, y tal vez no lo hice correctamente.

Gracias por tu comentario.

Yo también aprendí, sí, a escribir con los diez dedos.
Mi madre siempre quiso que trabajara en un banco.

Aunque no sé si en los bancos, la verdad, escriben a máquina con las dos manos.

Gracias, y disculpa.