Siempre me tenido curiosidad por los libros dedicados. Saber qué pone un escritor cuando se le solicita una dedicatoria. El año pasado, el Gremio de Libreros de Viejo de Madrid, dedicó el Salón del libro a las dedicatorias, y publicaron un catálogo del que escribí el texto.
El él hablaba de la racanería de Baroja, su letra minúscula, sus dedicatorias escasas, que contrasta con la grandilocuencia de Gómez de la Serna, el simpar Ramón, que firmaba siempre con tinta roja, letra enorme, y unos inmoderados adjetivos, que eran con frecuencia "pombianos" cuando dedicaba en el popular café de Pombo, donde tenía su tertulia.
Llevo tiempo coleccionando libros dedicados, y voy teniendo unos cuantos.
Entre las curiosidades, la tinta verde con la que firmaba Neruda, la letra un tanto arabesca, indescifrable de Juan Ramón Jiménez, y los dibujos de Alberti; palomas, toreros, caballos...
También hacía dibujos José Hierro. "La única manera de vender libros de poesía es pintarlos", dijo en alguna ocasión. Y dibuja en sus dedicatorais Bernardo Atxaga y, a veces, Luis Landero que cuando no lo hace, suele firmar con una fórmula que repite con frecuencia, y en la que muestra su agradecimiento como escritor y su solidaridad como lector.
Más abajo se ven dedicatorias de Francisco Ayala, Paco Umbral, o Gamoneda, que siempre firma con esa letra picuda y artística que cuesta interpretar.
Y entre mis favoritas, abajo, la que me dibujó Juan Carlos Mestre, hombre generoso, como se ve, Premio Nacional de Poesía de este año, estupendo artista y generoso amigo, en la Feria del libro de Madrid.