viernes, 19 de noviembre de 2010

Max Aub, deudas de juego

Siempre me ha interesado Max Aub, y esa parte de su literatura que tiene que ver con el juego, las máscaras, los equívocos, los atajos siempre escurridizos, entre la realidad y la ficción.

Cuando en 1958 publicó Jusep Torres Campalans, la biografía ficticia de un pintor supuestamente amigo de Picasso, la historia y cómo la contaba  -fotografías, cuadros, testimonios- resultaba tanverosimil , que hubo quien, como Vicente Aleixandre, llegó a pensar que Campalans realmente había existido y se felicitaba por el hallazgo. 

Campalans en un fotomontaje, junto a Picasso
En 1964 publicó otro libro lleno de también de dobleces y propuestas sugestivas, Juego de cartas, editado por Alejandro Finisterre en México.
Es un libro con forma de baraja, en el que se juega con el doble sentido de la palabra carta que puede ser naipe, y también misiva.

Cada una de los naipes de la baraja está dibujado en el anverso por Torres Campalans, y tiene una carta en el reverso, esta vez en sentido epistolar. Todas hablan de un misterioso personaje, Máximo Ballesteros, que acaba de morir, y del que hablan distintas personas que lo conocieron.


Dependiendo de la carta, Ballesteros es un marido ejemplar, un socio intachable, una persona cabal, pero también un infiel recalcitrante, un jugador de ventaja, un personaje sin escrúpulos... Todo cambia según quién hable de él, y de qué parte de su vida. De modo que nunca sabe uno con qué carta quedarse.

El libro, del que en su momento no debieron distribuirse más de un centenar y medio de ejemplares, acaba de ser reeditado por la editorial Cuadernos del vigía, quienes han respetado el tamaño, el tipo de papel, y las características del original.

Una novela abierta cuya trama se va tejiendo y destejiendo, y que plantea una reflexión sobre la identidad, la verdad, la mentira, y las distintas personalidades que tiene cada uno de nosotros. 

Gana el juego, explica Aub en las instrucciones, quien consiga adivinar quién fue realmente Máximo Ballesteros.  

Al final queda la certeza sutil de que las cartas siempre están, de algún modo, marcadas.

4 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Tu don de la impaciencia es altamente contagioso, Jesús: ardo en deseos de echar una partida de lector empedernido con ese sugerente "Juego de cartas", aun cuando estén marcadas (sobre todo, si lo están por Max Aub). Y algo debía barruntar al respecto; si no, ¿cómo te explicas esto?:

http://riografia.blogspot.com/2010/10/partida-jugada-llamada-perdida.html

J. G. dijo...

creo que es bueno, muy guapa la entrada

Jesús Marchamalo dijo...

Es cierto, Miguel. Qué casualidad afortunada.

Gracias, J.G.

carmen peire dijo...

Además, el próximo 2 de diciembre,a las 20 horas, la Editorial cuadernos del Vigía, realizará un encuentro para todos aquellos que quieran dibujar y/o escribir la carta número 110. La mejor, recibirá como premio un Juego de Cartas de Max Aub. Animaros.
Carmen Peire