martes, 18 de septiembre de 2012

Trostky en Coyoacán

Estuve esta semana en ciudad de México, y decidí acercarme a Coyoacán para visitar la casa en la que vivió, y murió, Leon Trostky.
Expulsado del Partido y perseguido por Stalin y sus secuaces, quienes lo habían condenado a muerte, Trostky llegó a México en 1937, invitado por Diego Rivera y Frida Kalho.
En su casa, la Casa Azul, vivió durante dos años antes de que  Rivera lo echara, acusándolo de mantener un romance con su esposa.



Trostky y su mujer fueron a vivir a una casa cercana que había sido una clínica oftalmológica y que estaba lo suficientemente aislada.
Tapiaron las puertas con ladrillos, construyeron garitas sobre el tejado, elevaron los muros con alambre de espino, y contrataron un pequeño ejército de hombres armados que los protegían día y noche.
Conocía a Stalin, habían sido compañeros durante la Revolución, y sabía que haría todo lo posible por asesinarlo.


En mayo de 1939, un grupo de hombres armados (se dice que más de una veintena) contratados por el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, consiguió entrar en la casa y desde el jardín dispararon algo más de 400 balas de gran calibre.
Trostky y su mujer salieron milagrosamente ilesos del asalto que fue repelido por los guardias, aunque uno de sus nietos recibió el impacto en un pie de una bala rebotada. Fue el único herido.

En las paredes y el techo todavía pueden verse alguno de las decenas de impactos, que muestran la violencia del ataque.
A partir de ese momento la casa se convirtió en una caja blindada, con muros reforzados y puertas internas construídas con planchas de acero. 


Allí llegó, en agosto de ese mismo año, Ramón Mercader, un agente estalinista como se supo años más tarde, que acudió a ver a Trostky con la excusa de mostrarle unos documentos.

Era amigo de una de las secretarias y nadie receló de él.Sin embargo, cuando Trostky se acercó a la ventana de su despacho (arriba) para verlos a la luz, Mercader le golpeó en la cabeza con un piolet, provocándole la muerte, horas más tarde, en un hospital.

Mercader fue reducido por los guardias, detenido, juzgado y condenado. Y permaneció en prisión hasta 1960.



En la casa se respira un ambiente un tanto opresivo, aire viciado y bombillas desnudas.

Me llamó la atencón el armario, junto al cuarto de baño, con su ropa todavía colgada de las perchas y los zapatos en el suelo.
Me contaron que el piolet fue aportado como prueba en el juicio, y que después desapareció. Al parecer acabó en manos de los hijos de un secretario judicial que, ignorantes de lo que era, lo utilizaban para cavar en el jardín. 

Las cenizas de León Trostky y las de su mujer están allí enterradas bajo un monumento coronado por una bandera roja.


Mercader recibió las mas altas condecoraciones de la URSS: se le nombró héroe de la Unión Sovietica y le fue otorgada la Orden de Lenin y la Medalla de oro.

Leonardo Padura escribió, hace unos años, El hombre que amaba a los perros, un estupendo libro en el que narra el exilio de Trostky en México y su asesinato.

En España está publicado por Tusquets.



1 comentario:

Josep Mengual dijo...

Curiosamente, casualidades de la vida, fue otro español, Victor Alba, el primer periodista que pudo entrevistar a Mercader tras su detención.