jueves, 30 de junio de 2011

La casa de Cortázar

Hay lugares definitivamente imaginarios. Sitios sobre los que nos han hablado, o hemos leído, y que hemos construído en nuestro imaginario como se construyen los lugares remotos.
Alguien me había hablado, hace ya tiempo, de ese edificio de aire remotamente industrial, en París, lleno de patios acristalados, balcones y macetas en la rue Martel. Allí, en el número cuatro vivía Julio Cortázar con su gata, Franelle, que, de vez en cuando, caía desde el tejado, generosa con alguna de sus vidas.


Y allí fui el otro día, cerca de la estación de Château d'Eau (también el nombre raya lo imaginario: castillo de agua), y allí anduve, como un turista ocioso, vagando antes de hablar con uno de sus vecinos, Nelson Ross, que me señaló ese piso, arriba, lleno de plantas, en la escalera C, donde vívía Cortázar.


Ese piso, tal vez un tercero o un cuarto sin ascensor, al que subía a diario, alto y despeluchado, por la escalera C hasta su casa.
Y me encantó, debo reconocerlo, porque al final todo era tal y como lo había secretamente imaginado: los patios, el color de las fachadas, la escalera, la estación y las plantas. Y esa placa, en el portón de entrada, que los vecinos pidieron colocar. Aquí vivió Cortázar, se lee, el autor de Marelle.




7 comentarios:

Anónimo dijo...

Sería ideal un fotografía del lugar donde escribía.

Fernando dijo...

y seguramente Cortázar, Presidente de la Comunidad de Vecinos.

Blog de Jesús Marchamalo dijo...

Me encanta eso de Cortázar presidente. Una visión de altura, la suya.
Gracias, Fernando.
Y sí, creo que he visto alguna vez fotos del lugar donde escribía, aunque no sé si era en esta casa.
Vivió en muchos sitios.
Gracias.

Mª José dijo...

Hoy he terminado tu libro sobre la biblioteca de Cortázar. Absolutamente emocionada. A través de ti he estado más cerca de él, un hombre al que adoro como escritor y como persona. Somos legión. El libro es delicioso. Sencillo, tierno, riguroso. ¡Enorme! Muchísimas gracias por este regalo.
Una pregunta: para visitar la biblioteca hará falta un permiso especial, ¿no?. Y.. fíjate: he encontrado tu blog mientras buscaba una foto de su casa en la Rue Martel. Creo que es una señal...

Blog de Jesús Marchamalo dijo...

Gracias, María José.
Cuánto me alegro de que el libro te haya gustado.
Y sí, la biblioteca puede visitarse sin mayores requisitos.
Gracias por tu comentario.
Y por leerme.

Ana Zahonero dijo...

Hola, un privilegio compartir la emoción de haber buscado esa placa, yo también, en la rue Martel, hace unos meses. Se dió cuenta de que la perpendicular, al otro lado de la calle, es la rue du Paradis? ...el "cielo" de la Rayuela? No es genial?
Soy amiga de I.Arquero, y disfruté su libro "Tocar los libros" a través de un programa italiano. Siga usted así de cercano. Gracias.

Silvia Collazo dijo...

Hola a todos, desde Patagonia Argentina. Una enorme emoción encontrarme con este blog. En el año 2001, con mi marido, visitamos París para, entre otras cosas, intentar llegar hasta la casa de nuestro admirado y amado Julio. Lo logramos luego de un periplo en el que fuimos guiados por varios generosos parisinos; entre ellos, un viejo bibliotecario.
Cuando llegamos al dichoso Nro. 4 de la Rue Martel, tuvimos la suerte de hablar con el portero (portugués) que le entregaba las cartas a Cortázar. Sencillamente no lo podíamos creer. Nos abrazamos con Hugo, mi marido, y nos pusimos a llorar. Habíamos llegado a las fuentes del Nilo. Julio ha sido constitutivo de nuestra pareja.
Lo único que nos disgustó, es que, en ese momento, no había una placa indicadora/conmemorativa. Cuando regresé a la Argentina, le escribí sobre ello al cónsul en París. Me gusta pensar que, tal vez, colaboré en esa señalización y homenaje.
Queremos tanto a Julio. Queremos tanto a los que queremos a Julio.