miércoles, 2 de marzo de 2011

Cortázar y el miedo

Julio Cortázar. Contaba a menudo aquella vez, de niño, que se despertó sobresaltado. Lo había sacado del sueño, abruptamente, un sonido afilado. Extraño y desconocido.
LLoraba y su madre se acercó hasta su cama. "Es un gallo", le dijo. "No te asustés". Y el pequeño Cortázar -los ojos de un azul casi líquido- siguió llorando, desconsolado, porque no sabía lo que era un gallo, y el nombre le resultó mucho más amenazante que su canto.

2 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Mi abuelo, sin embargo, desactivaba mis miedos infantiles con una frase memorable. Decía, ante el supuesto peligro inminente: Tú no tengas miedo que yo estoy "cagao".

Si hubiera sido McLuhan, habría sentenciado: El miedo es el mensaje.

Un "monstruoso" saludo, Jesús

Jesús Marchamalo dijo...

Qué bonita historia, Miguel, la de tu abuelo.
Los abuelos siempre saben cómo decir las cosas.
Abrazo, también mostruoso, para ti.