Hace años, cuando trabajaba en televisión, en
Al habla, coincidí una temporada en el edificio de moviolas con la gente del mítico
Al filo de lo imposible.
Allí conocí a Sebastián Álvaro con quien compartimos pasillo, charlas, confidencias, risas, lecturas y el café de la máquina, entre otros comunes, irrenunciables afectos.
En 1999 Al filo viajó al
Polo norte geográfico en una expedición en la que participó el geógrafo Eduardo Martínez de Pisón. Y de allí me trajeron una sorpresa irrepetible: una fotografía -abajo- en la que Pisón parece pasear abstraído con
La tienda de palabras, que acababa yo entonces de editar, en medio de aquella extensión helada y blanca. Al fondo, se aprecian los helicópteros rusos que fueron a recoger a los expedicionarios y la avioneta desde la que se filmaba.
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La tienda de palabras en el polo norte geográfico |
Tengo enmarcada la foto en mi estudio desde entonces, y forma parte de ese listado de tesoros emocionales imprescindibles.
Sebas tuvo que dejar la tele hace dos o tres años, pero sigue viajando asiduamente a Ushé, en Pakistán, donde ha creado una fundación.
Desde allí, al pie del Karakorum, me mandó el otro día este precioso regalo: el K1, al fondo -color azul y nubes- también conocido como
Masherbrum, la "montaña resplandeciente", y
Cortázar y los libros.
Acabo de imprimirla, y ya la tengo aquí, en mi estudio: otro tesoro más.
Qué suerte ser su amigo.
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Las fotos son de Mariano Izquierdo. Gracias también a él, y a Isabel. |
El nombre de K1, por cierto, se debe al ingeniero británico Thomas Montgomerie, quien participaba en el Gran Proyecto de Topografía Trigonomética. Dibujó la coordillera del Karakórum, y a los dos picos más altos los llamó K1 y K2 respectivamente. Un nombre original.