viernes, 12 de agosto de 2011

Historial de gaviotas fallidas

Siempre me ha gustado fotografiar a las gaviotas: sus alas de puntas negras, inmóviles al viento, sus picos de color naranja o rojo, y sus patas palmeadas, recogidas bajo el cuerpo como un paraguas.
Me gusta, sí, verlas mecerse al viento, mientras te sobrevuelan -gritonas, algo insolentes-, como una vieja escuadrilla de aeroplanos. 
Todo consiste, entonces, en apostarse pacientes y esperar. 
Y disparar en el momento justo. 


Tengo un largo historial de gaviotas fallidas, o falladas. Un archivo de alas, picos, patas, cabezas, colas, plumas, poses borrosas y fotos descuadradas. 


Debo de ser el peor cazador del mundo de gaviotas en foto, si es que existe esa modalidad de caza. O uno de los peores. Pero de vez en cuando acontece el prodigio, y la casualidad o la reiteración o ambas hacen que todo salga extrañamente bien: el mar, el cielo azul, los barcos, lejanos y borrosos, y las gaviotas, con sus picos naranja y las patas palmeadas recogidas como viejos paraguas.



7 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo si lo mantienes desde esa perpectiva pero es increíble la agresividad y la violencia de que son capaces estas aves. Un saludo.

Blog de Jesús Marchamalo dijo...

No sé por qué, tu comentario me ha recordado a Hitchcook (espero haberlo escrito bien, o mal por poco).
En todo caso, yo siempre las miro de lejos.
gracias.

Elèna Casero dijo...

Ya no soy la única persona en el mundo a quien le sucede lo mismo. No sólo con las gaviotas. Pero eso me ocurre con la dichosa cámara digital, cuando utilizaba la reflex, con mis carretes, pensando cuántas veces podía disparar, cazaba un poco mejor los pájaros.

Pero siempre las miro de lejos.

Vicente dijo...

Me ha gustado el conjunto. La manifestación de las cosas como son. Hay una educación de lo bueno y de lo malo que hay que revisar, de vez en cuando. Es lo que tiene el Don de la impaciencia. La entrada ha quedado estupenda y también la imagino impactante en la sala de una galería de fotografía.

Blog de Jesús Marchamalo dijo...

Gracias, Eeln.
Y gracias, Vicente. Me ha gustado esa referencia a la educación que hay que revsiar de vez en cuando.
Abrazo.

Aldabra dijo...

Mis gaviotas particulares, un poema que escribí hace unos años; a mí también me gustan, a pesar de su agresividad, y las tengfo siempre como vecinas.


el día está gris,
las grúas son grises,
los barcos son grises,
las torres de luces son grises,
el tejado del taller de enfrente es de uralita
gris,
y el cielo está encapotado,
creo que va a llover.


he comenzado a hacer
la estadística del paso de gaviotas por mi ventana.


tarea difícil,
no puedo contarlas todas yo sola,
me duele el cuello al torcer la cabeza.


¿y quién va a querer ayudarme a contar gaviotas?

pensarían que estoy loca
y no es eso,
solamente quiero hacerte un regalo.

ahora sólo hay una posada en un tejado,
esa no cuenta,
tienen que estar volando,
es la condición.

se ha marchado.

acaba de pasar una tan cerca del cristal
que parece que quisiera entrar dentro.

son enormes con las alas estiradas,
majestuosas, blancas,
planean haciendo círculos,
recorren caminos que no conocemos
y chillan.

¿quién sabrá a donde van las gaviotas cuando se alejan de aquí?

......
Me encantaron las fotos de tus libros cerca de esas enormes montañas. ¡Que ilusión más grande!

biquiños,

ALAS dijo...

Es dificil acertar con ellas, no se dejan fotografiar las muy p....
Yo tuve la ocasión de acertar una vez, aunque el disparo se me fue un poco bajo, salió que ni pintada...
En este enlace http://issuu.com/alas/docs/n__7, en la página 7 de la revista de ALAS está esa foto. Si se fija está echa de arriba hacia abajo. La hice desde la cubiera del MSC Armonía, navegando cerca de Rhodas. Tuve suerte.