miércoles, 8 de junio de 2011

"Cortázar y los libros", mi libro de Cortázar.


La semana que viene estará disponible en librerías Cortázar y los libros. Un recorrido por la biblioteca personal del autor de Rayuela, que su viuda, Aurora Bernárdez, donó a la Fundación Juan March en 1993.
Son algo más de cuatro mil volúmenes -libros de arte, filosofía, clásicos griegos y latinos y, sobre todo, poesía y novela del siglo XX- que permiten construir un retrato inédito de Cortázar a través de sus gustos y afinidades literarias.
Pero los libros de Cortázar descubren también a un lector minucioso y voraz, que anota, subraya, comenta, y que muestra su conformidad con el autor o, lo que es más frecuente, su discrepancia.
Muchos de sus libros tienen un código, a veces indescifrable, de subrayados, señales, corchetes, paréntesis y rayas verticales, con los que marca aquellos párrafos o líneas que le interesan.

"Ah!" -escribe en ocasiones en los márgenes, con lápiz, y también con bolígrafo o con rotulador- "Ojo!", "Ça", "Bien!" o simplemente "No!" cuando no está de acuerdo con algo que se afirma.

Páginas anotadas por Julio Cortázar en su ejemplar de Poesías Completas de Pedro Salinas

Los libros de Cortázar muestran también su obsesión por las erratas, que corrige de forma enfermiza en cada uno de sus libros, y la relación que le unió con alguno de los más importantes escritores de su generación a través de las dedicatorias.
Octavio Paz, José Lezama Lima, Carlos Fuentes, Alejandra Pizarnik, o - a la derecha- Pablo Neruda quien, con su tinta verde, a toda página, le firma: "A Julio Cortázar, por fin en Isla Negra, su amigo de antes y después, Pablo Neruda"


Doble página de Cortázar y los libros

El libro, exquisitamente editado por Fórcola, tiene más de setenta ilustraciones -reproducciones de cubiertas o páginas de libros, fotografías, dibujos, apostillas, dedicatorias-, que muestran un Cortázar convertido, por medio del rastro que dejó en los libros que leía, en territorio definitivamente fabulado.

Ayer firmé mi primera dedicatoria (a mi amigo Héctor Abad) y me sorprendió no encontrar una sola página en blanco, de modo que opté por utilizar a viñeta de mi amigo Damián Flores en la portadilla. Así.




Vivo la sensación de haber cumplido, respecto de Cortázar, con una vieja deuda.

(las imáganes pueden verse más grandes pulsando sobre ellas)

martes, 7 de junio de 2011

Canarias


Viajo a Las Palmas el próximo jueves, invitado por el Cabildo de Gran Canaria, para dar tres conferencias. Hoy me han enviado el programa, que cuelgo aquí arriba.
Se amplía pulsando en la foto, y hay más información AQUÍ.

domingo, 5 de junio de 2011

El podio de las visitas

Estudio de Mazarío
Este mes de mayo ha sido el que más visitas ha recibido este blog desde su creación en septiembre pasado, casi dos mil quinientas páginas. Así que gracias, en primer lugar por vuestro interés.
No es que tenga una especial obsesión con el número de visitas, pero me provoca curiosidad comprobar qué temas, qué fotos, qué notas son las que más interés despiertan.

Y es curioso porque las tres páginas más populares en estos últimos nueve meses, no tienen nada que ver entre ellas. O al menos yo no soy capaz de encontrar similitudes.

Estudio de Damián Flores Llanos
La mas vista, es la de Estudios de pintores, y la publiqué en noviembre del año pasado.
Un recorrido fotográfico por los estudios de cuatro o cinco amigos pintores, cada uno con sus peculiaridades, y una mención a aquél caótico lugar en el que trabajaba Francis Bacon y que tuvo que ser desmontado por un grupo de arqueólogos que lo cartografiaron durante semanas, antes de trasladarlo a un museo. 

La segunda página más visitada, en este peculiar listado de éxitos, ha sido la decidada a Max Aub y su Juego de Cartas.


Max Aub en una de sus fotos más conocidas
Max Aub es uno de mis escritores fetiche, y este libro en particular, reeditado ahora por Cuadernos del Vigía, uno de los que de él más me interesan.
Una novela impresa en las cartas de una baraja. De modo que la historia del protagonista cambia en función de las cartas que a cada lector le toquen.

La tercera página, Fotos y muñequitos, tiene que ver con todo ese universo de objetos -fotos, cartas, muñecos- que aparecen en las estanterías.
Un homenaje a la exuberancia, probablemente, y al desorden y que ha contado, también, con el favor del público.


Os invito a visitar cualquiera de las tres, o las tres si os apetece.
Se entra en cada una de ellas a través del título que aparece marcado en rojo en el texto.
Y, de nuevo, mi agradecimiento.

lunes, 30 de mayo de 2011

Blixen y Pablo Gallo

Ramones, por Pablo Gallo
El otro día me escribió el pintor y dibujante Pablo Gallo para invitarme a participar en un proyecto.
Hace tiempo que vi su trabajo en el blog de mi amigo Antón Castro, y me parecieron estupendos sus retratos de escritores. Como éste, "Ramones", en el que nos presenta a Gómez de la Serna, Valle Inclán y Juan Ramón Jiménez, los tres ramones, vestidos de roqueros o, abajo, el de Augusto Monterroso.

Me decía Pablo Gallo en el mensaje que no tendría que escribir una línea, y le respondí que es la primera vez, tal vez la segunda, en que me invitan a participar en algo que no implica, necesariamente, escribir.

El proyecto, en el que participan un centenar de escritores, y que se titulará Disecciones, consiste en elegir una frase de un escritor que, después, Gallo ilustrará utilizando distintas técnicas y soportes.

Lo primero que he pensado ha sido en Wilde, y esa frase suya que siempre me ha gustado: "Hoy he pasado el día corrigiendo un poema, por la mañana he puesto una coma, y por la tarde la que quitado". Pero Wilde ya estaba ocupado


Así que he buscado por ahí, y al final me he decidido por la baronesa Blixen, la excéntrica y cautivadora autora de Memorias de África, que me ha dejado seducido con ésta: "La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas, el mar".
Este de abajo es el retrato que nos ha hecho a Blixen y a mí, mirándonos el uno al otro de reojo. Me encanta.



El trabajo de Pablo Gallo puede verse AQUI.

jueves, 26 de mayo de 2011

Donde se guardan los libros


Donde se guardan los libros es el título del libro que me publicará Siruela el próximo otoño.
El libro habla de las bibliotecas de una veintena de escritores, y el título tiene que ver con una frase del capitán Richard F. Burton -exporador y viajero infatigable-, que decía que el hogar es el lugar donde se guardan los libros.
Esta mañana he estado en la editorial, y me han enseñado la cubierta. Un mosacico con detalles de algunas de las fotografías que se incluyen en el libro. Y en primer plano, silueteada, la máquina de escribir y papeles de Juan Eduardo Zúñiga.

Y recuerdo, cuando estuve en su casa, esa máquina, sobre la mesa, al lado de un puñado de bolígrafos y lápices, unas gafas, un periódico y el manuscrito en el que trabajaba en ese momento.

Hace un par de semanas leí, por cierto, que había cerrado una de las dos únicas fábricas que quedaban en el mundo de máquinas de escribir.
Dentro de nada, nos va a quedar sólo la de Zúñiga.

martes, 24 de mayo de 2011

La semana de los indignados. En Sol

Carteles en la salida del metro de Sol
Me ha encantado, esta semana pasada, acercarme a la Puerta del Sol con los indignados. Y me ha encantado ver lo jóvenes que son, la contundencia seductora de sus argumentos, su resistencia a la resignación, y ese mundo suyo de megáfonos, asambleas, eslóganes, pancantas y utopías. Una auténtica lección de civismo y democracia.

Me gustó, entre otros muchos, ése cartel que decía: "Sin curro, sin casa, sin pensión, sin miedo".


Recogida de firmas de apoyo al movimiento
Mucha curiosidad, muchas preguntas
El campamento. Con enfermería, guardería, biblioteca...
Personas leyendo periódicos en la biblioteca
Carteles con eslóganes
Asamblea multitudinaria el domingo por la mañana

viernes, 13 de mayo de 2011

Cubierta de Cortázar y los libros

Esta semana, Silvano Gozzer, el diseñador de Fórcola, nos ha enviado la cubierta de Cortázar y los libros.
Tuvo clara, desde el principio, la idea de los lomos, de modo que hicimos una selección de algunos de los que se citan en el texto -Ulises, de Joyce; Estravagario, de Neruda, Locus Solus, de Roussel-, cuidando de que su tamaño y color fuera visualmente atractivo. 

Y creo que el resultado es inmejorable. Máxime cuando de la cubierta, salvo el 'sello' con el título, se ha eliminado todo lo demás. No hay texto en la contra, ni biografía del autor, ni índice de titulos publicados.

Así que es posible desplegarla por completo, incluso las solapas, como si fuera en realidad una balda de la biblioteca: Conrad, Salinas, Carroll, Yourcenar, Keats, Breton...
Una cubierta llamativa y sugerente.
Estamos deseando verla ya impresa  



(Las fotos se amplían pulsando sobre ellas)

Escritores que fuman

Cubierta de Viaje a Vasconcelos
Mi amigo Germán Úcar me llamó hace unos meses para pedirme un texto.
Le habían concedido un premio de edición, y pensaba compartirlo con sus clientes con un librito que me invitó a firmar.
El resultado es Viaje a Vaconcelos, consideraciones sobre la lectura, los libros y el arte de fumar, que saldrá en un par de semanas en una edición limitada para amigos.
Ayer recibí las primeras pruebas. Y releí la historia de Mijaíl Bajtin, un escritor ruso a quien Stalin condenó a un campo de trabajo, en Siberia.

Allí, durante su cautiverio, debió conformarse con fumar hierbas silvestres que él mismo recogía, y secaba, y que después liaba en las páginas de papel cebolla de un ensayo sobre Goethe que había escrito y que estaba corrigiendo.
Pasó los años fumándose hoja a hoja el manuscrito, en la seguridad de que había otra copia que había guardado en Moscú y que, al final, también se había perdido.
De modo que aquel libro, inconcluso, se marchó para siempre con el humo.

Hace unos meses publiqué, en este mismo blog, un artículo sobre tabaco y literatura, que se titulaba Sólo para fumadores donde hablaba de Faulkner, Conrad, Lispector, Camus, Onetti, Twain, y su vinculación con el humo. 
El humo, denso, poblado de la pipa, tan literaria siempre; el humo del cigarrillo, hipnótico y cortante, y el humo generoso, opíparo y casi nutritivo de los cigarros puros. Como los que fumaba Lezama, allí en la Habana, en su piso de la calle Trocadero, salpicado de nombres y adjetivos.



   

domingo, 1 de mayo de 2011

El fotógrafo de Praga

Debía resultar una figura imponente, algo irreal, fantasmagórica, con su abrigo oscuro o un capote militar, a veces, caminando por la brumosa Praga, con la cámara al hombro. Una antigua Kodak de caja de madera, cuyo trípode utilizaba como contrapeso, sujetándolo con su único brazo.
Durante la Gran Guerra, la explosión de una granada en el frente italiano, en julio de 1916, le amputó el brazo derecho. Así, cuando volvió a casa, debió dejar su trabajo como encuadernador y la fotografía, a la que se había dedicado como afición, se convirtió en su oficio.


Durante años, recorrió las calles con su cámara, captando imágenes de la ciudad, "El fotógrafo de Praga", lo llamaban.

Pero durante la ocupación nazi, se encerró en su estudio, apenas un cobertizo de madera donde fotografiaba naturalezas muertas -flores, vasos, botellas-, o las vistas a través de la ventana de su estudio: la rama de un manzano, las fachadas de los edificios colindantes, una nevada...
El caminante se convirtió en un paseante interior, en un observador de lo cotidiano, que fotografiaba de forma obsesiva, desde distintos puntos de vista, o utilizando distintas iluminaciones.


Cuando murió, el estudio donde trabajaba quedó abandonado, y gran parte del material -papeles, fotografías, libros- se perdieron en un incendio.
Siempre me gustó esa foto suya: un florero con rosas casi marchitas junto a una caracola, ante el cristal empañado, cruzado verticalmente por las gotas, de su estudio.


Ventana del estudio de Josef Sudek, en Praga


miércoles, 20 de abril de 2011

San Quintín, La Habana

El otro día estuve en Santander y me acerqué, como siempre, a ver a mi amigo Rodolfo a la librería San Quintín, con su fachada verde apagado y roja, tan norteña.
Me gusta hablar con él de libros, y de amigos comunes, y del tiempo. ¡Vaya tiempo, por cierto!

Recuerdo que él fue quien, hace dos o tres veranos, me recomendó El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince. Uno de los libros que más me ha impresionado, y conmovido, y que desde entonces más he recomendado, regalado, prestado, y del que hablé hace tiempo en este blog.
El otro día, mientras charlábamos, encontré allí su librería un título que llevaba tiempo buscando, Persona non grata, de Jorge Edwards. Un libro en el que narra su experiencia como embajador de Allende en la Cuba castrista de los años setenta.

La de la zafra imposible de los 10 millones, el caso Padilla, el bloqueo y los diplomercados en los que únicamente los extranjeros podían comprar.

Me ha encantado leer de Lezama, allí en su casa de la calle Trocadero, un piso bajo con balcón al que acudían todos los poetas jóvenes entonces, casi en peregrinación, con sus libros; de Alejo Carpentier -el zar de los libros lo llamaban-, que regalaba en París cajas de habanos a Sartre y al Gabo, como obsequio revolucionario, y del Ché, con su traje verde oliva, sus botas tachueladas, y su boina,  al que que inmortalizó Korda en la conocida foto del año sesenta, convertida en icono.


Me está gustando ese viaje en el tiempo, allí a la guerra fría, la Primavera de Praga, los aviones rusos Ilushin de Cubana de Aviación, los funcionarios de la Seguridad del Estado vigilando en los hoteles las desviaciones ideológicas, y Lezama, en la calle Trocadero, inmóvil, incrédulo, fumando.

sábado, 9 de abril de 2011

El puente del vértigo

Llevo un par de semanas viajando a Cuenca. Intervengo en una actividad organizada por el Centro de Profesores en la que participan una decena de colegios a los que voy a hablar de periodismo a niños del primer ciclo de la ESO.
Y me ha encantado el reencuentro, este jueves, con el puente de San Pablo.


El puente del vértigo, allí en lo alto, salvando lo que queda del río Huécar. Arrogante y en apariencia endeble, con algo de aquellos puentes ferroviarios de las películas, pintados de rojo inglés para protegerlos de la humedad y el viento.
El puente de los suicidas -cuando toca-, y los enamorados, que acostumbran a poner candados con su nombre en los barrotes, antes de -con la solemnidad de las grandes promesas- tirar la llave al río desde arriba.


viernes, 8 de abril de 2011

La cigüeña de Blixen

La baronesa Blixen
Me encantó esa historia de Karen Blixen. La de un hombre que sale una noche de la cabaña donde vive, alertado por un ruido desconocido.
Tropieza, cae, se dirige hacia el bosque bordeando el estanque, se zafa de las ramas, trastabilla de nuevo, ajetreado y, al final, vuelve a su casa, caminando por un claro iluminado por la luna.

Se acuesta y al levantarse al día siguiente, ve desde la ventana sus propios pasos -el tropezón, la carrera hacia el bosque, el estanque, la vuelta, el camino del claro- y cómo dibujan sobre la nieve una cigüeña.

sábado, 26 de marzo de 2011

Me acuerdo de Elías Moro

Elías Moro Cuéllar
Mi amigo Elías Moro. Me escribió el otro día anunciándome que hoy, sábado, leería sus poemas en la biblioteca Torrente Ballester, en Salamanca, y que se fumaría un cigarro a mi salud.
Coincidimos en Mérida, hace cuatro o cinco años, y desde entonces intercambiamos cartas y tesoros impresos, amistades y afectos comunes.

Hace tiempo, publicó un libro, Me acuerdo (Calambur, 2009), lleno de imágenes prodigiosas y sugerentes. Una memoria generacional, repleta de recuerdos compartidos, vibrantes. 


"Me acuerdo de las cajas de zapatos donde guardaba los gusanos de seda y su milagrosa metamorfosis.
Me acuerdo de las tapas del tambor Colón y cómo jugábamos con ellas haciéndolas volar.
Me acuerdo de una tía abuela que en los primeros años de la TV, con la vista fija en la pantalla, murmuraba para sí, como entre dientes: `¿Y nos verán ellos a nosotros?´."

En el mismo correo me enviaba esta foto de su biblioteca: libros cruzados, una linterna de petaca y unos prismáticos que compró de contrabando, hace casi treinta años, a un marinero ruso que, en Ferrol, vendía tabaco, radios, condones...


También me manda este poema, que se titula Biblioteca.


         philip roth me contó una vez el secreto de la muerte de su padre,
         jorge manrique me contó una vez el secreto de la muerte de su padre,
         raymond carver me contó una vez el secreto de la muerte de su padre

         llovía en parís un aguacero cuando césar nos dejaba,
         la palabra quinqué se asoma a la sima de agua de guillermo,
         comí cebollas y moluscos con el glotón de neruda,
         una infame turba entona cantos marineros en la pampa

         empuñando un sable bucanero, burt lancaster
         sigue burlándose de nosotros en la portada de un volumen,
         el mágico mestre habla con rafael acerca de los oficios del sueño,
         el rostro de lorca desaparece en cinco actos antes de que caiga el telón,
         robinson crusoe interroga a calvino acerca de la autoridad y los desastres,
         el exilio de hikmet sería otro poema de spoon river

         cuando faulkner pasea a caballo matándose lentamente con el whisky,
         los pájaros de marianne envejecen de tedio en las antillas de walcott,
         cien haikus le desvelan a kafka el secreto de los cerezos,
         y en los hospitales de ultramar un viejo gaviero,
         el que amó a ilona bajo la lluvia,
         desgrana monótono sus recuerdos de amor y de guerra

         mientras arden las pérdidas en otra patria,
         por una extraña paradoja, con frío de vivir,
         vidas minúsculas a salto de mata, animales
         melancólicos caminan hacia el lugar de la derrota,
         la memoria de la nieve avanza por la línea del horizonte

         como una antigua cometa en las manos de los muchachos,
         bajo el oscuro secreto de las cartas consulares,
         el libro de los venenos sobrevuela las poéticas

         siquiera en este refugio, por una oculta razón,
         en todos ellos están impresas mis huellas dactilares,
         uno cualquiera se acuesta conmigo todas las noches de mi vida

         como un epitafio vivo y sereno
         tres rosas amarillas se posan en la tumba de chéjov

         los perros ladran

         lo demás es silencio


Un gran tipo, Elías. Tiene un blog que se llama El juego de la taba. Y un sombrero.