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domingo, 7 de octubre de 2012

El cuestionario Proust

Me envían de la librería Molist, de Coruña, un cuestionario Proust. Una veintena de preguntas que exigen respuestas escuetas y chispeantes, y que siempre han sido para mí una sutil tortura.
Hago aquí un avance con alguna de ellas. El cuestionario completo se publicará, próximamente, en el blog de la librería.

¿Qué es para ti un libro?
Depende de qué libro. Los hay que son unas vacaciones, un viaje, una gripe, un fin de semana en casa, un deslumbramiento...
Cuando abres la puerta y entras en una librería...
Siento que ahí están todos: Crusoe y Capote, Woolf y Baroja, Borges y Ana Karenina, y el exquisito Proust... Y que en eso radica la magia y la fortuna de leer.
¿Qué libro estás leyendo?
Siempre ando con varios, pero hoy estoy con Trapiello y su Ayer no más. He empezado anoche y voy por la mitad.


¿Te acuerdas del primer libro que leíste?
No, pero sí recuerdo unos libros de Bruguera, mitad texto, mitad historieta, que durante años fueron mis regalos de Reyes, cumpleaños y santos: Dumas, Stevenson, Salgari...

Dinos cuál es tu escritor favorito
Tengo varios. Y es una lista, además, que se incrementa de vez en cuando. Me encanta encontrar un escritor que no conocía, y enamorarme.
¿Y tu personaje literario favorito?
No sé por qué me estoy acordando de aquel tipo impresentable, grasiento, maleducado, Ignatius Reilly, el delirante protagonista de La conjura de los necios.

¿Con qué personaje literario te sientes indentificado?
Sobre todo, espero no parecerme nunca a Ignatius Reilly.
¿A qué escritor/a te gustaría conocer en persona?
Tal vez a Philip Roth. Sería una velada inolvidable: yo, que no hablo apenas inglés, y él, que nunca se ríe.


¿Papel o libro electrónico?
Si hay que elegir uno y no otro, papel. A ser posible papel agradable al tacto, no demasiado blanco, con márgenes amplios, letra legible, bien encuadernado. 
¿Has leído más de cinco títulos de un mismo autor/a? De quién.
Así de memoria, Monterroso, Cortázar, Auster, Zúñiga, Aub, Kapucinski, Vila-Matas, Vargas Llosa, Sergio Pitol... Y de Echenoz e Ibargüengoitia creo que he leído tres o cuatro, espero pronto poder sumarlos a la lista.


¿De qué palabas o frases abusas a la hora de escribir?
Pongo muchas comas, por, lo, visto.
¿Qué talento, aparte del literario, te gustaría tener?
Ya es mucho suponerme un talento literario, pero tal vez elegiría la música. Me habría encantado ser trompetista de jazz, como Vian.

¿Qué libro no has sido capaz de terminar de leer?
Tengo varios. Pero mi fracaso más sonado, y reiterado, ha sido con Lezama y Paradiso.
¿Cómo dedicas tus libros?
Dibujo sombreros.
¿Cuál es tu lema o frase favorita con la que te identificas?
Me gusta mucho ésa de la baronesa Blixen: "La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas, el mar". 



jueves, 4 de noviembre de 2010

La mano en la barbilla

Cuentan de Phlip Roth que nunca se le ha visto sonreir en una foto. Basta, por lo visto, con que alguien con una camara se le acerque, para que frunza el ceño y ponga cara de desolacion y de llamativa, enigmatica, desgana.
Siempre me ha provocado cusriosidad ver como los escritores posan para las fotos. Bolaño con frecuencia fumando, a veces con una revoltosa ostentación de humo, como fumando aparece, en muchas de sus fotos, Martin Amis.

Hace años, una amiga me dijo, con cierta sorna, que tenia suerte de ser escritor porque así podia hacerme fotos con la mano en la barbilla.

Me hizo gracia pero empece a fijarme y, efectivamente, no hay escritor que no tenga al menos una foto donde salga con la mano en la barbilla.

Aqui al lado, Ruiz Zafón y Alvaro Pombo cada uno con su peculiar estilo: el gesto exquisito y coqueto de Zafón, muy cinematográfico, algo cosmopolita.
Y la mano extendida, en la foto de abajo, sobre la que apoya la cara Alvaro Pombo, y su anillo, intrigante, en el meñique.

Es curioso la cantidad de poses y actitudes que permite la mano en la barbilla Desde el gesto sutil, apenas esbozado, como casual, de Piglia, abajo, a la dercha, sujetando sus gafas, hasta la pose, firme, tambien algo soñadora, casi ausente (¿en que estaria pensando?), de la siempre singular Silvina Ocampo.
 

Algo del ese ensimismamiento que tiene Octavio Paz en esta foto -el índice apoyado en la barbilla-, que se convierte casi en melancolia, una sombra nostalgica en la foto -el índice tambien en la barbilla- de Valente.









Y acabamos con este sonriente García Marquez, la mano indiscutiblemente en la barbilla, con el atribulado Sabato, abajo en blanco y negro.Y ya puestos, con Roth, profundo y misterioso, la mirada intrigante o intgrigada. Él tambien con la mano en la barbilla.