Mostrando entradas con la etiqueta Andrés Trapiello. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andrés Trapiello. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de octubre de 2012

El cuestionario Proust

Me envían de la librería Molist, de Coruña, un cuestionario Proust. Una veintena de preguntas que exigen respuestas escuetas y chispeantes, y que siempre han sido para mí una sutil tortura.
Hago aquí un avance con alguna de ellas. El cuestionario completo se publicará, próximamente, en el blog de la librería.

¿Qué es para ti un libro?
Depende de qué libro. Los hay que son unas vacaciones, un viaje, una gripe, un fin de semana en casa, un deslumbramiento...
Cuando abres la puerta y entras en una librería...
Siento que ahí están todos: Crusoe y Capote, Woolf y Baroja, Borges y Ana Karenina, y el exquisito Proust... Y que en eso radica la magia y la fortuna de leer.
¿Qué libro estás leyendo?
Siempre ando con varios, pero hoy estoy con Trapiello y su Ayer no más. He empezado anoche y voy por la mitad.


¿Te acuerdas del primer libro que leíste?
No, pero sí recuerdo unos libros de Bruguera, mitad texto, mitad historieta, que durante años fueron mis regalos de Reyes, cumpleaños y santos: Dumas, Stevenson, Salgari...

Dinos cuál es tu escritor favorito
Tengo varios. Y es una lista, además, que se incrementa de vez en cuando. Me encanta encontrar un escritor que no conocía, y enamorarme.
¿Y tu personaje literario favorito?
No sé por qué me estoy acordando de aquel tipo impresentable, grasiento, maleducado, Ignatius Reilly, el delirante protagonista de La conjura de los necios.

¿Con qué personaje literario te sientes indentificado?
Sobre todo, espero no parecerme nunca a Ignatius Reilly.
¿A qué escritor/a te gustaría conocer en persona?
Tal vez a Philip Roth. Sería una velada inolvidable: yo, que no hablo apenas inglés, y él, que nunca se ríe.


¿Papel o libro electrónico?
Si hay que elegir uno y no otro, papel. A ser posible papel agradable al tacto, no demasiado blanco, con márgenes amplios, letra legible, bien encuadernado. 
¿Has leído más de cinco títulos de un mismo autor/a? De quién.
Así de memoria, Monterroso, Cortázar, Auster, Zúñiga, Aub, Kapucinski, Vila-Matas, Vargas Llosa, Sergio Pitol... Y de Echenoz e Ibargüengoitia creo que he leído tres o cuatro, espero pronto poder sumarlos a la lista.


¿De qué palabas o frases abusas a la hora de escribir?
Pongo muchas comas, por, lo, visto.
¿Qué talento, aparte del literario, te gustaría tener?
Ya es mucho suponerme un talento literario, pero tal vez elegiría la música. Me habría encantado ser trompetista de jazz, como Vian.

¿Qué libro no has sido capaz de terminar de leer?
Tengo varios. Pero mi fracaso más sonado, y reiterado, ha sido con Lezama y Paradiso.
¿Cómo dedicas tus libros?
Dibujo sombreros.
¿Cuál es tu lema o frase favorita con la que te identificas?
Me gusta mucho ésa de la baronesa Blixen: "La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas, el mar". 



sábado, 4 de septiembre de 2010

Maneras de titular

Siempre he sido un desastre para los títulos. Hay algo de esa parte esencial de las cosas -la que puede explicarse, iluminarse, con palabras-, que se me escapa.
Me divirtió enterarme, hace tiempo, de que hay escritores, Vicente Molina Foix, Andrés Trapiello, que tienen un banco de títulos: una agenda, un cuaderno, donde van anotando aquellos que les interesan, y que guardan hasta que los encuentran acomodo, a veces en libros de otros autores a quienes se los regalan. Por ejemplo, Cepo para nutrias, de Azúa; Travesía del horizonte, de Marías; o Antifaz, de Guelbenzu, son títulos del cuaderno de Molina. "Agencia Molina", le llamaba García Hortelano.


El caso es que, desde que me enteré, yo también anoto en un cuaderno frases con las que me topo, y en las que encuentro sonoridad o capacidad de sugerencia: La reivindicación de la torpeza, Pesadilla sin historia, Mapa del disparate, La osadía de los tímidos... Jamás había encontrado utilidad para ninguno de estos títulos, hasta estas navidades pasadas en las que, para el librín que envío como regalo a mis amigos, busqué en mi agenda y di con el rotundo El don de la impaciencia. 

 
Me gustó entonces, y anteayer, cuando me pidieron el título del blog, se me vino otra vez a la cabeza. Dudé un par de minutos en llamarlo Jubilarse los lunes , que también me gustaba, pero al final se impuso, como un guiño a amigos y enemigos, aquí y allá, más lejos y más cerca, sobre todo impacientes. Un don....