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domingo, 23 de septiembre de 2012

Un retrato de Scala

Eduardo Scala
Eduardo Scala es un personaje singular, con algo de sabio renacentista, de infitinos saberes e intereses. Puede hablar de papeles, de tintas, de ajedrez, de números y letras y su combinatoria precisa y previsible.
Lo conozco desde hace años, y siempre me ha resultado fascinante su mundo poético y sus libros bellos y sorprendentes.
En el año 2008 comisarié una exposición para el CSIC. Se titulaba Esto no es un libro, y en ella dedicábamos a su obra un lugar especial. Se expusieron, entre otros, Pájaros/aros, Poe+ o El libro del infinito (abajo).



Hace tiempo descubrí sus Re/tratos; imágenes poéticas en las que retrata a escritores a través de las letras que componen su nombre y que convirte en complejos caligramas, constelaciones en palabras de Ignacio Gómez de Liaño. 






Realizó para el Instituto Cervantes un proyecto, Red/tratos, que puede visitarse todavía, y en el que aparecen, entre muchas otras, las imágenes de Vicente Aleixandre, Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik o Eduardo Cirlot.


Hace un par de semanas hablamos, y tuve la osadía de pedirle un retrato con mi nombre. Y él, a los pocos días tuvo la amabilidad de mandarme por correo éste que veis.



Me pareció un prodigio tan favorecedor ese cruce de letras, y lecturas posibles e imposibles, de extraña y enigmática belleza.
De momento, no he podido resistir la tentación de imprimir etiquetas, que pegaré en las cartas este otoño.