Mostrando entradas con la etiqueta Estanterías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estanterías. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de enero de 2011

Fotos y muñequitos

Me gustan los estantes llenos de cachivaches: papeles, postales, muñecos, figuras y pequeños recuerdos.
Un escenario, casi, de chamarilería, de museo de prodigios, de almacén de objetos desparejados.
Piedras, fósiles, fotografías, medallas y condecoraciones escolares.

Hay aviones, tijeras, cajas de cerillas que han ido llegando no sé sabe de dónde, un viejo tintero, una muñequita repetida de los Kinder, y un par de trozos de antiguas chimeneas ennegrecidas por el humo de Palermo. Me gusta ese universo de fragmentos traídos de aquí y de allá, cada uno con su historia minúscula.

Un pedazo de ámbar comprado en una feria de minerales; un trozo de adoquín de la Gran Vía; una horma de zapato al lado de una foto, en blanco y negro, de Calvino.
Una cuchara de alpaca, con iniciales; dos flotadores para pescar, la composición, en letras de plomo, de una invitación de boda, un cartucho de caza.

De cada uno podría contar su historia. O inventarla. Un barquito, dos pesas de balanza, cantos rodados -blancos, negros y grises- recogidos en una playa. Y las letras de madera de aquella antigua imprenta donde se hacían carteles.
Los testigos de la facultad de encontrar, o también de ser uno el encontrado.