domingo, 1 de julio de 2012

Pepe Hierro, a mano.


He estado este fin de semana en Santander, viendo una exposición dedicada a Pepe Hierro en el Palacete del Embarcadero. 

Se titula La mano de Pepe Hierro, e indaga en su faceta como pintor y dibujante: barcas, flores, marinas, guitarras e instrumentos musicales y esos autorretratos suyos, casi estremecedores, surcados de trazos y borrones tajantes y extrañamente expeditivos.
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Cuenta Carlos Galán en el tríptico que acompaña la muestra, que Hierro pintaba, y que pintaba mucho. Que al terminar una comida con amigos aprovechaba alguna servilleta, de papel o de tela, para dibujar.
Y se le recuerda, en las ferias del libro, firmando sus dedicatorias con una caja de acuarelas, cuando no dedicaba mojando los pinceles directamente en el café. "La única manera de vender libros de poesía -dijo en alguna ocasión- es pintándolos".

Hay una vieja tradición de escritores que dibujan o pintan, como si nunca se diera un único talento. Pintaba Alberti, pintaba Lorca, pintaba Gabriel Celaya, y escribían Dalí y Ramón Gaya. 
Pintaba, por lo visto, Juan Benet. Pintaba Buero (el conocidísimo retrato de Miguel Hernández a a lápiz, lo dibujó él en la cárcel del Conde de Toreno, cuando ambos estaban allí presos). Y hoy pintan, o dibujan, Juan Carlos Mestre, Trapiello o Benítez Reyes que ha utilizado alguno de sus collages como imagen de cubierta para sus libros. 


Volviendo a la exposición de Pepe Hierro, se regalan unas pequeñas estampitas con alguno de sus poemas más conocidos. Ese soneto que se titula Vida, por ejemplo, que le costó tanto terminar, según contaba, y que acaba diciendo:

     Qué mas da que la nada fuera nada
     si más nada será, después de todo,
     después de tanto todo para nada.

Por cierto que la editorial Nordica acaba de editar Hierro ilustrado. Una antología de sus poemas imprescindibles, ilustrada por muchos de sus dibujos mas conocidos.
Una estupenda oportunidad de encontrarsse con Pepe Hierro que, este año, habría cumplido noventa.
Más información sobre Hierro ilustrado, AQUI:
La exposición, organizada por la UIMP puede visitarse hasta el día 29 de julio.

domingo, 24 de junio de 2012

Firmas y libros

Tengo pendiente desde hace días subir as fotos que he ido haciendo, este año, en la Feria del libro. Pero he estado agitado y perezoso, casi a partes iguales. 
Estuve, por ejemplo, con Enrique Vila-Matas, que me firmó Aire de Dylan con una de sus inconfundibles siluetas de sombrero y gabardina. Para Marchamalo!, dice escuetamente la dedicacatoria.Me encantó su Dietario voluble, y ahora esta historia de Dylan y el fracaso.


También coincidí con Javier Marías, fumando. Firmó ejemplares, muchos, de Los enamoramientos, su última novela, y de muchas de las anteriores: Corazón tan blanco, Negra espalda del tiempo, Mañana en la batalla piensa en mí... 
Llevaba en la solapa un broche con el rostro de Shakespeare, y le sorprendió que le reconociera. De sus libros, me encantó aquel de Siruela, Vidas escritas, y ése otro, La vida del fantasma.


  


En otro de mis paseos por la feria me crucé con Fernando Royuela, a la derecha, y Javier Pérez Andújar, posando como dos conspiradores.
Del primero acabo de leer Cuando Lázaro anduvo, una reflexión ácida y lúcida sobre esta sociedad desquiciada en la que vivimos.
Y de Pérez Andújar leí, no hace mucho, Paseos con mi madre, uno de los libros que más me han recomendado últimamente. Un retrato generacional lleno de guiños, recuerdos y emociones. Un libro estupendo.


Y estaba Montero Glez. Acaba de sacar  Huella Jonda del héroe, en Imagine, Premio Llanes de viajes, 2012. 

A Montero, le presenté en Madrid su libro anterior, Pistola y cuchillo, dedicado a Camarón.
Y me encantó su Pólvora Mojada, la historia de Mateo Morral y sus bombas Orsini.
Támbien me gustan sus sombreros, y sus pañuelos, tan dandis, al cuello, un poco como los que llevaban los pistoleros en las películas del oeste.



Y nunca me pierdo una visita a mi amigo Juan Carlos Mestre, Viajamos juntos a Arenas, hace dos o tres años, y fue un descubrimiento.
Leí, fascinado, su Casa roja, por el que recibió el Premio Nacional de Poesía, y este año me dedicó su fantástico La bicileta del panadero, ambos en Calambur.
Las dedicatorias de Mestre son siempre excepcionales. Una fiesta de caballos, instrumentos musicales, retratos y colores. Un alarde de generosidad e inspiración. Una auténtica fortuna, como se ve. ¡Qué suerte!



domingo, 3 de junio de 2012

Firmar en la Feria

Hace años que voy a la Feria del libro, en el Paseo de coches del Retiro.  Ese paraíso de bicicletas y patinadores que, durante tres semanas, conquistan los lectores.
Me gusta pasear, perderme en las casetas, ver libros, encontrarme con gente...

Y coincidir con Mestre, el poeta, que siempre firma alguna de las dedicatorias más bonitas y coloristas de la Feria.





Me contaron, por cierto, que entre las firmas más solcitadas estaban las de Eduardo Galeano, Mendoza, Almudena Grandes, Javier Marías y, sorpresa, la del televisivo Mario Vaquerizo, asediado  por un ejército de fans en las casetas de visitaba.


Debo confesar que apenas le he visto un par de veces en la tele, de pasada y desantento, y que tampoco sé nada de su libro, así que no puedo decir mucho más.

Me gustó, eso sí, encontrarme con Enrique Vila-Matas, que firmaba, entre otros, su último Aire de Dylan, y que dibuja en las dedicatorias una silueta -sombrero apenas esbozado y gabardina- que podría perfectamente ser él mismo.




Por cierto, que el propio Vila-Matas salió en una de mis fotos sonriendo, lo que no deja de ser meritorio, en cierto modo.



También yo he ido a firmar, un par de veces, y debo reconocer que es un extraño, singular privilegio, encontarse con los lectores y firmarles su libro, con la tinta turquesa.

Un placer. Gracias, de nuevo, a todos.



miércoles, 23 de mayo de 2012

Popova y la Feria del libro

El otro día encontré en el VIPS un viejo catálogo del Reina Sofía que estaba en oferta: Rodchenko y Popova, y el constructivismo ruso.
Es de una exposición de 2009 que, como tantas otras, debí perderme probablemente por despiste. Me ocurre a menudo que me hago un lío con las fechas, o se me pasa o, lo que es peor, no me entero hasta que es demasiado tarde.
De Rodchenko recuerdo que me habló, hace años, mi amigo Manolo, y de Popova he visto obras en otras exposiciones.

Lyubov Popova (1889-1924) es una de las más importantes artistas rusas de las vanguardias, y una de las principales representantes del constructivismo, movimiento artístico en el que se presta especial atención al color y los volúmenes, muy relacionado con la ingeniería, la arquitectura y el diseño gráfico.

De hecho, Popova realizó multitud de diseños para vestuarios, cubiertas de libros, carteles, cajetillas de tabaco...


Del catálogo me han gustado muchos de sus collages y de sus acuarelas. Figuras geométicas -cuadrados, rectángulos, triángulos-, y colores básicos: rojo, amarillo, azul...
Tanto que me decidí a coger mi viejo estuche de acuarelas (hace años que no lo utilizo), el pincel y los rotuladores, y ponerme yo mismo vanguardista.

Mis acuarelas no son tan bonitas como las suyas ni desde luego tan originales, pero no están mal para un constructivista principiante. 

Y como lo mejor para vender libros es pintarlos (al menos eso es lo que contaba el poeta Pepe Hierro), he pensado que este año, en la Feria del libro, ofreceré dibujar cuadros de Popova en mis dedicatorias.
Así que iré con mi vieja caja de pinturas, el pincel y los rotuladores.

Ya contaré cómo se me dan las firmas en la Feria, y cómo el constructivismo ruso.


Por si alguien quiere acercarse, estaré firmando en la Feria del libro los siguientes días: 

Domingo 27 de mayo, de 12 a 14 h. en Librería Booksellers, caseta 129
Viernes 1 de junio, de 19 a 20 h. en Editorial Fórcola, caseta 156
Viernes 8 de junio, de 18 a 20 h. en Librería El Buscón, caseta 175
Domingo 10 de junio, de 12 a 14 h. en Siruela Ediciones, caseta 250.
                                  de 18 a 20 h. en Librería Jarcha, caseta 79




lunes, 7 de mayo de 2012

Feria del libro antiguo, en Recoletos.

El viernes pasado se inauguró en el Paseo de Recoletos, en Madrid, la Feria del libro antiguo y de ocasión, con un pregón de Caballero Bonald en el que habló de sus paseos por el Rastro, la Cuesta de Moyano, y por las librerías de viejo, que calificó -la voz pausada, un ligerísimo acento del sur- de auténticas cajas de sorpresas.
Después me acerqué a saludarlo, y a que me lo firmara, y le hice esta fotografía.


A mí también me gustan las librerías de viejo y la sopresa, siempre azarosa, algo infantil, de encontrar ese libro que se busca o, lo que es mejor aún, más sugestivo, ese libro que, de algún modo, te está buscando a ti.

He ido varias veces a la Feria, y entre los tesoros que he encontrado este año figura éste cuadernillo, Cartas Marítimas, en el que me gustó la nota manuscrita, ese ojo lector tan intrigante, y el apellido del autor: todo un presagio.


También compré los dos primeros tomos de la obra completa de Dalí, publicados por Destino, y encuadernados en una preciosa y llamativa tela de color lila.

Leo estos días su Vida secreta, y me llama la atención la crudeza con la que trata en el texto a aquel niño agresivo, egoísta y violento que fue, y que se paseaba por su casa vestido de emperador; corona y manto de armiño, caprichoso, indolente...
"Avida dollars", escribió de él André Bretón, jugando con las letras que componen su nombre, Salvador Dalí, retratado, a la derecha, por Pilippe Halsman.

Foto de Ida Kar

Y compré también, esta primera edición, en Seix Barral, de Un oficio del siglo XX, de Guillermo Cabrera Infante -arriba, fotografiado por Ida Kar- firmado con el seudónimo G. Cain: la inicial de su nombre, y las dos primeras letras de sus apellidos.
Una recopilación de críticas y artículos sobre cine que todavía no había leído de él, lo que resolveré cualquiera de estos días. Me ha encantado, por cierto, buscando fotos suyas, encontrar este fantastico Texto que se encoge.


viernes, 20 de abril de 2012

Fotografías antiguas

Mi amigo Vicente tiene una tienda cerca del Rastro, La vidriera de Verona. Voy a verle allí, de vez en cuando, y echo un rato charlando de esto y aquello, y trasteando por ese mundo de cajitas de lata, puños de bastón, medallas, binoculares, objetos de escritorio, cuadernos de dibujo, antigüedades...
Siempre me llaman la atención las fotos familiares. Tienen algo de mirada  indiscreta esos álbumes con fotografías de bautizos, bodas, viajes de gente a quien no conocemos.

No sé qué puede llevar a alguien a deshacerse de sus fotografías. Los rastros y encantes, las librerías de viejo están llenos de historias azarosas.


Me contaron hace tiempo que había quienes compraban fotos antiguas para certificar unos ancestros imaginarios: una tía aventurera, un abuelo potentado en América, un familar lejano militar de graduación condecorado, un héroe, una novia artista de cabaret...

Pensé que rayaba lo fantástico inventarse un pasado basado en fotografías de otros. Y hubo un tiempo en que pensé, incluso, en escribir un libro donde ideaba una historia a cada una de las fotos: la del chico que se cruzó en el camino del autobús de línea; la de la señora que bajó a comprar a la calle una botella de anís; la de los dos amigos que se fotografiaron un rato antes de irse a atracar un banco...


Me divirtió ésta del expedicionario en la sierra -mochila y salacot-, con algo de improvisado Edmund Hillary con un martillo casero en lugar del piolet, o ésta de abajo: dos chicas compartiendo confidencias. Me he fijado en los pendientes, minúsculos, de una de ellas,  la mirada y el gesto levemente sorprendido de la otra. ¿Quiénes serán? ¿De quién hablaban? ¿Donde?

viernes, 13 de abril de 2012

Ex libris de Mazarío

Cada año cambio de ex libris. Una excentricidad confesable con algo de secreta, elegante, codicia. Sobre todo porque, cada año llamo a algún amigo artista a quien lío para que me lo dibuje. 
Esta vez se lo pedí a José Luis Mazarío, viejo amigo santanderino, con quien he compartido charlas y paseos, y visitas a ese mundo suyo de nubes rojas y playas arenosas, desiertas y carnales; barcos, atardeceres, circos y paisajes posibles e imposibles.

 

Alguna vez he escrito sobre su pintura y alguna, también, sobre su estudio, allí en Camargo lleno de cuadros pinceles, libros, botes, piedras, ramas, un ramo de mimosas...

Hay una serie de motivos que se repiten en muchas de sus obras; entre ellos, el jarrón sobre la mesa, siempre con flores, con algo de velada nostalgia familiar; y los libros, abiertos o cerrados, seductores y azules. 

Y ese ha sido el motivo que ha elegido para el sello. Un jarrón, de frondosa mirada, que mantiene una frágil equilibrio y amenaza volcarse sobre un libro.



A partir del dibujo original, hemos hecho, mi hermano Pedro y yo, el ex libris de la derecha, con letra de mi amigo Rafa Vivas.

Lo recojo en un rato en la tienda de sellos de caucho, y esta tarde lo estrenaré, tal vez, estoy pensando, en un libro de Wilde que compré el otro día, El retrato de Dorian Grey, de ediciones Atenea, publicado en dos tomos. La ocasión lo merece.
Qué bonito! Qué suerte!