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| Máquina de Karen Blixen |
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Hace poco leí que acababa de cerrar, en India la última fábrica de máquinas de escribir. El gerente contó que llevaban años recortando la producción según los pedidos disminuían, y que a partir de ese momento únicamente podrían suministrar las que tenían en el almacén, hasta que se terminaran.
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| William Faulkner |
Los periódicos se hicieron eco de la noticia y un repentino e inesperado sentimiento de nostalgia recorrió el mundo: la máquina de escribir acababa de desaparecer, y con ella uno de los grandes iconos de la literatura contemporánea.
No hay un solo escritor de quien no exista al menos una foto ante su máquina de escribir.Y hay auténticos expertos en sus marcas y modelos favoritos. Por ejemplo William Faulkner escribía en una Remigton 12, Hemingway en una Underwood portátil, Karen Blixen en una Corona, y Jonh Cheever, abajo, en una Royal.
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| Cheever con su máquina de escribir |
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| Olivetti Lettera 36 |
No recuerdo mi primera máquina de escribir. Mejor dicho, recuerdo la máquina -portátil, color crema, teclas de color claro-, pero no sé qué marca era. Pero sí recuerdo la primera que compré: una Olivetti Lettera 36 eléctrica, de segunda mano, que sonaba como un lanchón de desembarco, y que disparaba una ráfaga de adjetivos y adverbios con apenas rozarla. En esa máquina escribí mi primer libro, a razón de un folio diario, antes de pasarme, no sin una resistencia algo romántica, al procesador de textos.
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| Pantalla del WordStar |
Una pantalla oscura de un luto riguroso -llena de claves, números, llaves-, sobre la que se escribía con letras no sé si blancas o verdes, extremadamente luminosas, precedidas de un cursor parpadeante.
Desde luego que no me imagino volviendo a escribir a máquina, pero sí entiendo, y comparto, esa nostalgia del folio, las letras golpeando en el rodillo, y el timbre -tling!- que sonaba, afilado, cuando se llegaba al final de una línea.
En las fotografías, arriba: Raymond Carver y Silvia Plath, y sobre estas líneas Patricia Higsmith, Paul Auster, que dedicó un libro a su máquina de escribir, una Olympia SM3, y un jovencísimo Philip Roth a la espera de la inspiración. Me divirtió el otro día, por cierto, la foto de Eugenia Rico en su casa, posando con una máquina de escribir portátil.
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| Foto: Alvaro García |
No sé si conocéis la pieza de Leroy Anderson,
The Typewriter. Verdaderamente impresionante.