Escribo sobre Baroja. Aquel escritor prodigioso y friolento,que andaba siempre en casa con abrigo -a menudo con las solapas subidas-, boina, un pañuelo de seda y zapatillas felpa que sujetaba con un hilo de bramante.
Una vez, su sobrino Julio Caro, le regaló uno de sus abrigos que iba a retirar. Y Baroja, a quien quedaba largo, lo cortó con unas tijeras.
Al hacerlo cortó también los bolsillos sin darse cuenta, y así todo lo que metía en su interior se le caía, para su pasmo, por la casa: el tabaco rubio, las gafas de pasta, la pluma Parker, y también las castañas de la suerte, que recogía hacendoso en el Retiro.
me encanta este tipo de anecdotario cotidiano de los escritores, por eso me encantan tus libros jesús, un beso
ResponderEliminarGracias.
ResponderEliminarOtro beso para ti.
Los detalles y las anécdotas hacen que sintamos más cercanos y humanos a estos grandes, Jesús.
ResponderEliminarEs un gustazo leerte.
abrazos
L;)