Cortázar y el miedo
Julio Cortázar. Contaba a menudo aquella vez, de niño, que se despertó sobresaltado. Lo había sacado del sueño, abruptamente, un sonido afilado. Extraño y desconocido.
LLoraba y su madre se acercó hasta su cama. "Es un gallo", le dijo. "No te asustés". Y el pequeño Cortázar -los ojos de un azul casi líquido- siguió llorando, desconsolado, porque no sabía lo que era un gallo, y el nombre le resultó mucho más amenazante que su canto.
Mi abuelo, sin embargo, desactivaba mis miedos infantiles con una frase memorable. Decía, ante el supuesto peligro inminente: Tú no tengas miedo que yo estoy "cagao".
ResponderEliminarSi hubiera sido McLuhan, habría sentenciado: El miedo es el mensaje.
Un "monstruoso" saludo, Jesús
Qué bonita historia, Miguel, la de tu abuelo.
ResponderEliminarLos abuelos siempre saben cómo decir las cosas.
Abrazo, también mostruoso, para ti.